Anoche
estuviste retozando entre mis sábanas.
Tus
manos recorrían mi cuerpo, mientras yo volaba en éxtasis.
Tu
boca, sedienta de mi cuerpo, Transitó por lugares conocidos y otros sin
descubrir.
El
gemido no se hizo espera, cuando el clímax atravesó cual daga divina mis deseos
de mujer.
Carmen Pacheco
9
de enero del 2012
No hay comentarios:
Publicar un comentario